El Cardenal Brislin Discute el Progreso en el Consistorio Extraordinario
Abriendo la tercera sesión del Consistorio Extraordinario, el Cardenal Stephen Brislin, Arzobispo de Johannesburgo, animó a sus compañeros Cardenales a reflexionar sobre cómo la humanidad construye su futuro en medio de…

Abriendo la tercera sesión del Consistorio Extraordinario, el Cardenal Stephen Brislin, Arzobispo de Johannesburgo, animó a sus compañeros Cardenales a reflexionar sobre cómo la humanidad construye su futuro en medio del avance del poder tecnológico. La reunión giró en torno al tema “Construyendo para el bien común: los lugares de construcción de nuestro tiempo.”
El Cardenal Brislin enfatizó la importancia de la encíclica del Papa León XIV Magnifica humanitas, ilustrando la conexión entre su introducción y conclusión. Sostuvo que estas secciones revelan el marco teológico de la encíclica, con la apertura planteando preguntas urgentes sobre el futuro de la humanidad, mientras que la conclusión ofrece una interpretación cristiana a través de las virtudes reflejadas en contextos históricos y sostenidas por la oración.
Durante su discurso, el Cardenal hizo una comparación intrigante entre las ciudades de Babel y Jerusalén, afirmando que ambas simbolizan el esfuerzo humano colectivo. Argumentó que mientras Babel simboliza una búsqueda autorreferencial que conduce a la desintegración, Jerusalén representa un marco en el que la inteligencia humana, alineada con el propósito divino, realza la dignidad de cada individuo.
El Cardenal planteó una pregunta contemporánea que surge de esta discusión: ¿qué carácter adopta el esfuerzo humano en una época caracterizada por herramientas poderosas? Observó que esta indagación no solo se refiere a la inteligencia artificial y las tecnologías emergentes, sino también a la cuestión más amplia de si los avances vienen acompañados de responsabilidad o si generan nuevas exclusiones.
En sus reflexiones, el Cardenal Brislin afirmó que Magnifica humanitas convoca a todos a considerar cómo debería desarrollarse la construcción colaborativa en la sociedad. Articuló que las capacidades técnicas son inherentemente políticas, económicas, sociales y educativas, afectando así la calidad de vida compartida. Para los creyentes, destacó la sinodalidad como una manifestación de comunión de la que la Iglesia evoluciona, otorgando a los cristianos el valor necesario para participar en proyectos de construcción históricos.
Detalló una “gramática de la construcción” delineada en la encíclica, caracterizada por cuatro componentes clave: deseo, limitación, responsabilidad compartida y discernimiento. El deseo de felicidad debe ser respetado dentro de los límites de la verdad, y el reconocimiento de las limitaciones humanas recuerda a los individuos que la vida es un don que debe ser apreciado. Además, la responsabilidad compartida refleja el principio de subsidiariedad: ningún individuo posee el control completo sobre ningún proyecto, y la colaboración es crucial. El discernimiento, guiado por la doctrina social de la Iglesia, es esencial para diferenciar entre lo que es beneficioso para los individuos y lo que conduce a la dependencia o exclusión.
Según el Cardenal Brislin, la culminación de esta “gramática de la construcción” en la encíclica se expresa a través de las virtudes teológicas de fe, caridad, esperanza y oración. Señaló que la fe reconoce la misericordia divina a lo largo de la historia, la caridad extrae su fuerza de la Eucaristía, la esperanza fomenta la creación de una sociedad amorosa, y la oración establece la apertura de la Iglesia a la guía del Espíritu Santo.
Concluyendo su discurso, el Cardenal Brislin reiteró que Magnifica humanitas confía a la Iglesia el papel significativo de enfrentar los desafíos históricos de una manera distintiva, enfatizando un enfoque sinodal profundamente arraigado en la fe, la caridad y la esperanza, mientras se centra en el servicio a la persona humana.


