El Papa León XIV se reunió el jueves con los participantes en una reunión de Moderadores de asociaciones de fieles, movimientos eclesiales y nuevas comunidades, organizada por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Durante su discurso, el Papa subrayó la importancia de la gobernanza dentro de la Iglesia, destacando que un liderazgo efectivo es esencial para el éxito y la longevidad de cualquier organización.
El Papa explicó que la gobernanza implica proporcionar "una dirección segura, para que la comunidad pueda ser un lugar de crecimiento para las personas que le pertenecen". Afirmó que el liderazgo de la Iglesia no solo debe gestionar asuntos prácticos, sino también expresar la voluntad salvadora de Dios en Cristo. León XIV señaló que la responsabilidad de la gobernanza en las asociaciones laicas recae en los laicos, que son confiados por sus comunidades a través de elecciones libres.
En sus comentarios, identificó tres consecuencias clave cuando los líderes aceptan este don del Espíritu Santo. En primer lugar, afirmó que el liderazgo debe servir a toda la comunidad en lugar de a intereses personales individuales. En segundo lugar, insistió en que el liderazgo no debe ser impuesto a las personas, sino que debe ser reconocido y abrazado de manera voluntaria. Por último, León enfatizó que el liderazgo es un carisma que requiere colaboración y supervisión por parte de los Obispos, abogando por características como la escucha mutua, la transparencia y el discernimiento comunitario en todas las prácticas de gobernanza.
El Papa León XIV también abordó las dimensiones proféticas del liderazgo laico, instándolos a sintonizarse con las necesidades pastorales contemporáneas y enfrentar nuevos desafíos. Explicó: "Pertenecer es auténtico y fructífero cuando no se agota en la participación en actividades internas al grupo, sino que interpreta los signos de los tiempos y se extiende hacia afuera". Recordó a los asistentes que los grupos laicos deben permanecer en comunión con la Iglesia más amplia y con sus Obispos locales, incluso en medio de desacuerdos, advirtiendo sobre el peligro de ver su carisma como el único válido.
Además, el Papa animó a los líderes de la Iglesia a ser receptivos a diversas opiniones y contextos culturales, manteniendo el "bien superior de la comunión". Hizo un llamado a los líderes laicos para que manifiesten el carisma fundacional de sus movimientos a través de la humildad, el desapego y el amor desinteresado. Cerrando su discurso, León elogió el impacto histórico de las asociaciones laicas, destacando el papel que juegan en la formación de individuos bien preparados y evangelizadores efectivos. Concluyó con un llamado a preservar sus dones y fomentar el crecimiento, afirmando: "La Iglesia los apoya y acompaña".