El Papa León XIV se reunió el jueves con obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, seminaristas y trabajadores pastorales en la Catedral de Santa Ana en Las Palmas de Gran Canaria. Esta reunión tuvo lugar durante la penúltima parada de su Viaje Apostólico a España, que se centró en la migración, los desafíos sociales y el papel de la Iglesia en el apoyo a las comunidades vulnerables. Las Islas Canarias han emergido como un punto de entrada significativo a Europa para los migrantes de África Occidental, y la Iglesia local ha estado activa en proporcionar tanto apoyo humanitario como pastoral.
Durante su discurso en la catedral, el Papa León expresó su gratitud por el testimonio de una "Iglesia viva", que describió como un reflejo "de las alegrías y esperanzas, la tristeza y la angustia del pueblo de nuestro tiempo, especialmente aquellos que son pobres o afligidos." Transmitió que había llegado a las islas "como un padre y hermano en la fe," haciendo referencia a sus palabras anteriores al inicio de su papado: "Con ustedes soy cristiano, y por ustedes, soy obispo."
En sus reflexiones sobre la lectura del día de la Carta a los Efesios, el Papa León destacó la importancia de reconocer los diversos dones y ministerios dentro de la Iglesia, enfatizando su papel en fomentar la unidad. Afirmó: "El llamado del Señor resuena de nuevo en nuestros corazones hoy y confirma nuestra vocación y misión: construir la Iglesia juntos, fundada en Cristo, la 'piedra angular.'" Instó a los presentes a "edificar sobre lo que es bueno, armonizar nuestras diferencias y trabajar juntos para el bien de todos."
El Papa León articuló dos actitudes esenciales para los cristianos que aspiran a convertirse en "arquitectos sabios" en la construcción de una "civilización de amor." La primera, afirmó, implica abrazar la Cruz de Cristo. Usando el océano que rodea como metáfora, señaló que simboliza tanto el hogar y la pertenencia como los desafíos y la incertidumbre. Citó a San Agustín para ilustrar el anhelo de la humanidad por su verdadera patria, y notó que esta búsqueda requiere cruzar "el mar de este mundo." Afirmó: "Nadie puede cruzar el mar de este mundo a menos que lleve la cruz de Cristo," y enfatizó que los santos ejemplifican cómo navegar las dificultades de la vida confiando en Cristo.
La segunda actitud que presentó fue cultivar una espiritualidad eucarística. El Papa León hizo referencia a la tradición local de lanzar pétalos de flores ante el Santísimo Sacramento durante las celebraciones de la Ascensión, describiéndolo como un recordatorio de la centralidad de Cristo en la vida cristiana. Explicó: "En nuestra peregrinación, el objetivo es el encuentro con Cristo; él es el centro de la vida cristiana, ante quien doblamos nuestras rodillas en adoración, en torno a quien nos reunimos para formar un solo cuerpo." Citó el Lumen Gentium del Segundo Concilio Vaticano, enfatizando que la participación eucarística mejora la unidad de la Iglesia y fomenta un sentido más profundo de comunión entre los creyentes. Señaló: "Cultivar una espiritualidad eucarística significa profundizar en 'una espiritualidad de unidad eclesial en el amor.'"
Al concluir su discurso, el Papa León animó a la Iglesia local a inspirarse en los numerosos santos que moldearon la historia del cristianismo en las Islas Canarias. Llamó a los fieles a permanecer unidos en fe, esperanza y caridad, refiriéndose a estas virtudes como "tres estrellas que emergen en el cielo de nuestra vida espiritual para guiarnos hacia Dios," resonando con los sentimientos de San Juan Pablo II. El Papa confió a la Iglesia en las Islas Canarias a la Virgen María, bajo el título "Stella Maris," o Estrella del Mar, y exhortó a los católicos a continuar su misión con confianza mientras buscan la gracia del Espíritu Santo para permanecer unidos y fieles en medio de los desafíos actuales.