El Papa León XIV se dirigió a representantes de comunidades musulmanas en Senegal, abogando por la cooperación interreligiosa hacia la paz y advirtiendo contra el uso indebido del nombre de Dios para fines militares, económicos o políticos. Este encuentro se produjo en medio de una reunión que incluía a miembros de la Iglesia Católica en Senegal.
En sus comentarios, el Papa enfatizó la importancia de la responsabilidad colectiva en la condena de la discriminación y la persecución basadas en la raza, la religión o el origen. Declaró: "Juntos asumimos nuestra responsabilidad común: condenar toda forma de discriminación y persecución fundamentada en la raza, la religión o el origen; rechazar toda instrumentalización del nombre de Dios para beneficios militares, económicos o políticos; alzar nuestra voz a favor de toda minoría que sufre."
El Papa León XIV calificó la reunión como un símbolo importante de amistad, abordando la necesidad de una sociedad inclusiva y fraternal, destacando particularmente la reputación de Senegal por su hospitalidad y solidaridad que sirve como modelo para la coexistencia pacífica entre diversas feacciones. Observó que esta realidad forma la base para el diálogo entre comunidades que difieren en religión y etnicidad, y consideró que el "tesoro de la fraternidad" es esencial no solo para Senegal, sino también para la humanidad en general.
A pesar de estas reflexiones positivas, el Papa expresó su preocupación por la violencia continua en el continente africano, citando conflictos armados que conducen a crisis humanitarias y desigualdades crecientes. Señaló que tales conflictos se ven agravados por el aumento del extremismo violento, crecientes problemas migratorios, retórica divisiva, estructuras familiares debilitadas y la erosión de los valores éticos, afectando particularmente a la juventud.
A la luz de estos desafíos, el Papa afirmó que los principios del diálogo interreligioso y el espíritu senegalés de "teranga"—un término que representa la hospitalidad y la comunidad—son vitales para fomentar la paz. Hizo un llamado a un esfuerzo colaborativo entre los líderes religiosos para participar en la mediación y la reconciliación, transformando así las fuerzas morales en instrumentos para aliviar tensiones y cultivar el respeto mutuo.
El Papa León XIV reiteró la urgente necesidad de diplomacia y diálogo religioso basados en la verdad y la justicia. Proclamó: "Juntos, nosotros, cristianos y musulmanes, creemos que cada ser humano está moldeado por las manos de Dios... revestido con una dignidad que ninguna ley ni ningún poder humano tiene derecho a confiscar." Señaló que, sobre esta base de fraternidad, es necesario que las religiones renuncien conjuntamente a cualquier uso indebido del nombre de Dios y defiendan a quienes sufren persecución.
Al concluir, el Papa ofreció oraciones por un compromiso renovado con la comprensión, la escucha y la vida juntos en respeto y fraternidad. Esperaba que sus esfuerzos conjuntos en favor de la paz y la justicia produjeran resultados abundantes y fomentaran aún más la colaboración entre diversas comunidades.